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El universo tiene 7 dimensiones… o eso dicen los agujeros negros de Hawking
Uno de los problemas más irritantes de la física moderna lleva décadas sin resolverse: la paradoja de la información de los agujeros negros. Stephen Hawking demostró en los años 70 que los agujeros negros emiten radiación y, con el tiempo, se evaporan por completo. El problema es que al desaparecer se llevan consigo toda la información de lo que alguna vez absorbieron, lo cual viola un principio fundamental de la mecánica cuántica. Imagina lanzar una enciclopedia al fuego: en teoría, podrías reconstruirla a partir del humo y las cenizas. Con un agujero negro que se evapora por completo, esa posibilidad desaparece.
Un nuevo estudio publicado en la revista General Relativity and Gravitation propone una solución elegante, aunque exigente: el universo tendría siete dimensiones en total, es decir, las cuatro que percibimos —tres espaciales y una temporal— más tres dimensiones adicionales enrolladas tan compactamente que son indetectables. Esta geometría oculta, conocida como G₂, genera un efecto de torsión del espacio-tiempo que actúa como freno durante los estadios finales de la evaporación. En vez de desvanecerse, el agujero negro dejaría un remanente estable con una masa de aproximadamente 9 × 10⁻⁴¹ kilogramos —diez mil millones de veces más ligero que un electrón—, el cual conservaría codificada toda la información ingerida. El modelo, desarrollado por investigadores del Instituto de Física Experimental de la Academia Eslovaca de Ciencias, también conecta la física de los agujeros negros con el mecanismo de Higgs, el fenómeno que da masa a partículas como el electrón y los quarks. Aunque verificarlo experimentalmente está muy lejos de las capacidades actuales —las partículas asociadas tendrían masas del orden de 10¹⁶ gigaelectronvoltios, catorce órdenes de magnitud por encima del quark top—, el equipo remarca que el modelo hace predicciones concretas y, por tanto, es refutable. Fuente: Live Science |
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La materia oscura podría ser basura cósmica de otro universoUno de los mayores misterios de la física —qué es exactamente la materia oscura, esa sustancia invisible que representa el 85% de la materia total del universo— podría tener una respuesta profundamente extraña: reliquias de un cosmos anterior al nuestro. Un estudio del cosmólogo Enrique Gaztañaga, del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC), publicado en Physical Review D, propone que el Big Bang no fue el inicio absoluto de todo, sino un “rebote” resultante del colapso de un universo previo.Según los cálculos del investigador, durante ese colapso extremo solo sobrevivirían las estructuras suficientemente densas y compactas: los agujeros negros. El umbral matemático que separa lo que sobrevive de lo que no es sorprendentemente concreto: estructuras de más de 90 metros podrían haber atravesado esa transición. Los agujeros negros heredados del ciclo anterior habrían quedado distribuidos invisiblemente por todo el espacio del universo actual, funcionando exactamente como lo hace la materia oscura: moldeando galaxias sin poder ser detectados directamente. La hipótesis tiene la virtud de unificar tres enigmas en un solo mecanismo: la naturaleza de la materia oscura, el origen de los agujeros negros supermasivos en el universo temprano y la existencia de un fondo de ondas gravitacionales. No requiere inventar nuevas partículas exóticas. El telescopio James Webb ya ha detectado objetos compactos en el universo primitivo —los llamados “pequeños puntos rojos”— cuya existencia prematura encajaría con este escenario. Si estos agujeros negros heredados existen, deberían dejar huellas rastreables en patrones del fondo cósmico de microondas o en distribuciones anómalas de galaxias. El universo, al parecer, tiene memoria. Fuente: Wired ES |
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El colisionador que una vez pareció imposible y podría resolver los mayores misterios de la físicaEl Gran Colisionador de Hadrones (LHC) en el CERN fue la joya de la física de partículas: con 27 kilómetros de circunferencia permitió descubrir el bosón de Higgs en 2012. Pero el próximo gran colisionador de protones con 100 TeV de energía no estaría listo hasta 2070 o 2080. Ese vacío de décadas ha reavivado el interés por una idea que fue descartada como imposible: el colisionador de muones.Los muones son primos pesados del electrón —unas 207 veces más masivos— y partículas fundamentales sin subestructura conocida. Su ventaja sobre los protones es que, al colisionar, toda la energía se convierte directamente en nuevas partículas sin la “fricción” de la física nuclear. La consecuencia práctica es notable: un colisionador de muones operando a 10 TeV podría igualar el alcance físico de uno de protones a 100 TeV, ocupando un espacio aproximadamente cinco veces menor. El campus del Fermilab en Illinois, con sus 2,750 hectáreas, podría albergarlo. La Comisión Nacional de Academias de Ciencias de EE.UU. ya recomendó formalmente que el país construya este acelerador como la prioridad central de la física de partículas para las próximas décadas. El principal obstáculo es que los muones son inestables: viven en promedio solo 2.2 microsegundos antes de decaer en otras partículas. Producirlos, acelerarlos y colisionarlos en ese brevísimo lapso es el reto técnico que ha mantenido el proyecto en el terreno teórico durante décadas. Sin embargo, avances recientes en cavidades superconductoras, imanes de alta intensidad y técnicas de enfriamiento de haces han dado nueva vida al proyecto. El colisionador de muones no sería para esta generación de físicos —la construcción más temprana sería en los años 2040—, pero los datos que produzca podrían responder preguntas sobre materia oscura, masa de la partícula de Higgs y la unificación de fuerzas que ningún otro instrumento podrá abordar. Fuente: New Scientist |
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Artemis II aterrizó: “Pura euforia” tras el primer viaje tripulado a la Luna en 54 añosEl 10 de abril de 2026, la cápsula Orion de la misión Artemis II de la NASA amerizó en el Océano Pacífico frente a las costas de San Diego a las 5:07 p.m. PDT, poniendo fin a un viaje de casi diez días que llevó a cuatro astronautas a 252,756 millas de la Tierra —la mayor distancia recorrida por humanos desde el Apolo 17 en 1972. A bordo iban los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, además del canadiense Jeremy Hansen. La misión fue el primer vuelo tripulado del cohete Space Launch System y de la cápsula Orion, bautizada por la tripulación como Integrity.El descenso fue de especial tensión, pues la nave tenía un defecto conocido en su escudo térmico —la NASA continúa investigando su desempeño—. El piloto Victor Glover describió así la reentrada: “Podía ver que estábamos en una bola de fuego… y mi primer pensamiento fue: ¿se supone que es tan grande?” A diferencia del perfil de reentrada planeado originalmente, la misión usó una trayectoria de entrada directa más pronunciada para reducir el tiempo de calentamiento. Al abrirse la escotilla, la especialista de misión Christina Koch exclamó estar “completamente desbordada” de emoción: “Grité de alegría. Era pura euforia”. Durante el sobrevuelo lunar del 6 de abril, la tripulación capturó más de 7,000 imágenes de la superficie y un eclipse solar desde la perspectiva de la Luna. El momento más emotivo llegó cuando el astronauta canadiense Jeremy Hansen propuso en una transmisión nombrar dos cráteres lunares: uno llamado Integrity —en honor a su nave—, y otro, Carroll, en memoria de la esposa fallecida del comandante Wiseman, quien murió de cáncer en 2020. La misión Artemis II sentó las bases técnicas para Artemis III, la misión que prevé poner astronautas en la superficie lunar en 2028. Fuente: Ars Technica |
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Una laguna legal podría retrasar la recuperación de la capa de ozono hasta siete añosEl Protocolo de Montreal de 1987 es frecuentemente citado como el tratado ambiental internacional más exitoso de la historia. Gracias a la eliminación gradual de los clorofluorocarbonos (CFC) —usados en refrigeración, aires acondicionados y aerosoles—, la capa de ozono ha comenzado a recuperarse y según algunas estimaciones podría regresar a niveles de 1980 tan pronto como en 2040. Sin embargo, un estudio internacional liderado por investigadores del MIT, publicado en Nature Communications, señala que una excepción del propio Protocolo amenaza con echar atrás ese progreso.El Protocolo permitió que ciertas sustancias agotadoras del ozono continuaran utilizándose como “materias primas” (feedstocks) en la fabricación de otros materiales —como plásticos y recubrimientos antiadherentes—, bajo la suposición de que sólo el 0.5% de dichas sustancias escaparía a la atmósfera. Sin embargo, los investigadores han calculado que la fuga real es de aproximadamente 3.6%, y en algunos químicos específicos el porcentaje es aún mayor. Si no se corrige esta fuga, la recuperación de la capa de ozono se retrasaría alrededor de siete años, hasta 2073 en lugar de 2066. Susan Solomon, profesora del MIT que participó en los estudios originales que vincularon los CFC con el agujero de ozono en los 80, califica esta excepción como “un error en el sistema”. La producción de los plásticos y materiales derivados se proyecta en crecimiento para las próximas décadas, lo cual podría agravar el problema. El equipo investigador estima que si el mundo no actúa, las emisiones de sustancias agotadoras del ozono provenientes de feedstocks se estabilizarán alrededor de 2045 y para 2100 solo habrán disminuido un 50%. Los miembros del Protocolo de Montreal se reúnen anualmente; los autores del estudio esperan que estos datos sean revisados en los próximos ciclos de negociación. Fuente: MIT News |
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Más del 60% de universitarios mexicanos ya usa IA generativa, pero la mayoría va a ciegasLa Secretaría de Educación Pública presentó los resultados de la Encuesta Nacional sobre Usos y Percepciones sobre IA Generativa en la Educación Superior —el ejercicio de este tipo más amplio del mundo, con más de 1.5 millones de estudiantes y 166 mil docentes participantes—. Los datos son reveladores: más del 60% de la comunidad universitaria, tanto alumnos como profesores, ya integra herramientas de IA generativa en sus actividades cotidianas; nueve de cada diez aseguran conocer la tecnología; y ocho de cada diez estudiantes la usan principalmente para redactar textos. El secretario de Educación, Mario Delgado, reconoció que la IA “dejó de ser una tecnología emergente” en las aulas.La brecha entre uso masivo y dominio crítico es, sin embargo, el punto de mayor preocupación. El 76% de los docentes en universidades públicas admite que no existe normativa institucional que regule el uso de la IA. Un dato que no debería minimizarse: el 9% de los estudiantes encuestados —casi 92,000 jóvenes— y el 5% de los docentes —cerca de 6,000— reportan usar herramientas de IA para apoyo emocional, buscando ayuda ante ansiedad, estrés o depresión. El secretario citó este hallazgo con preocupación visible durante la presentación ante rectores de universidades de todo el país. Ante este panorama, la SEP presentó un decálogo de acciones para integrar la IA de forma ética y crítica: desde establecer lineamientos institucionales claros hasta actualizar planes de estudio, rediseñar modelos de evaluación y capacitar a los docentes en literacidad digital. El representante de la UNESCO en México calificó la encuesta como “una aportación relevante de México al mundo” y advirtió que el debate sobre IA trasciende lo tecnológico para involucrar derechos humanos, filosofía y pedagogía. Fuente: Wired ES |
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El universo tiene 7 dimensiones… o eso dicen los agujeros negros de Hawking
Materia oscura de otro universo. El colisionador imposible vuelve.
Artemis II: euforia tras 54 años. La laguna legal que frena el ozono. IA en las aulas mexicanas.
Uno de los problemas más irritantes de la física moderna lleva décadas sin resolverse: la paradoja de la información de los agujeros negros. Stephen Hawking demostró en los años 70 que los agujeros negros emiten radiación y, con el tiempo, se evaporan por completo. El problema es que al desaparecer se llevan consigo toda la información de lo que alguna vez absorbieron, lo cual viola un principio fundamental de la mecánica cuántica. Imagina lanzar una enciclopedia al fuego: en teoría, podrías reconstruirla a partir del humo y las cenizas. Con un agujero negro que se evapora por completo, esa posibilidad desaparece.